El escándalo del minuto 55

Leo la crónica del partido en Mestalla y me encuentro con esta perla en el minuto 55: "Ritmo bajo. Ambos conjuntos han optado por guardar fuerzas". Guardar fuerzas. En el minuto cincuenta y cinco de un partido de Primera División. Manda carallo. ¿PARA QUÉ LAS GUARDAN? ¿Tienen que ir a descargar sacos de cemento al puerto de Valencia cuando pite el árbitro? ¿Les espera un turno de noche en la fábrica de la Seat?

El Atlético de Madrid se llevó el partido con goles de Luque y Cubo. Dos chavales que salen un rato, corren lo justo para no despeinarse el tupé fijado con laca ecológica, y se llevan los tres puntos porque el rival también estaba "guardando fuerzas". En mis tiempos, si a los diez minutos de la segunda parte te veían trotando por el campo con actitud de estar esperando el autobús, el utillero te escondía las botas y te tocaba volver a casa en calcetines por el arcén de la comarcal.

La dictadura del chaleco GPS

Ahora no. Ahora el fútbol es un ejercicio de gestión de recursos humanos. Los entrenadores miran los chalecos con lucecitas que llevan los jugadores debajo de la camiseta, ven que la barrita de energía parpadea en amarillo, y mandan al equipo a caminar. Y el público, que ha pagado una entrada a precio de marisco en Nochebuena, tiene que aplaudir la "inteligencia táctica" de ver a veintidós millonarios haciendo footing suave sobre un césped que parece una alfombra persa.

Luego te sacan las estadísticas para justificar el tostón. Que si el Valencia tuvo un 51% de posesión, que si dieron cuatrocientos pases en horizontal. A mí qué me cuentan de la posesión. La posesión es lo que te hace el banco si no pagas la hipoteca. El fútbol de verdad era barro hasta las rodillas, balones Mikasa que te dejaban la marca de los hexágonos en la frente durante tres días, y correr hasta que los pulmones te pedían auxilio.

Pero claro, hoy en día hay que proteger el producto. No vaya a ser que los muchachos suden demasiado y luego no salgan guapos en la foto de Instagram desde el vestuario. Me voy a dar un paseo por el espigón a ver si la brisa me enfría la cabeza, porque este deporte se nos ha quedado en un simulacro de funcionarios en pantalón corto. Hasta más ver.