Resulta que Fede Valverde y Aurélien Tchouaméni se han enzarzado en el vestuario. Hasta ahí, bien. El fútbol es contacto, es testosterona, es sangre caliente. Pero la tragedia griega, el sainete absoluto, viene cuando nos enteramos de que el uruguayo acaba en Urgencias... ¡por chocarse contra una mesa! ¿Pero qué clase de peleas tienen estos chavales? ¿Se tiran grapadoras? ¿Se hacen la zancadilla mientras corren hacia la máquina de café? Manda carallo.
En el Negreira, temporada 91-92, Pichi Lucas se lió a puñetazos con el utillero porque le había encogido las medias en la lavadora. Pichi perdió medio incisivo contra un banquillo de uralita, escupió el diente en la rejilla del desagüe, se puso esparadrapo en el labio y el domingo le metió dos goles al Bergantiños. Y aquí tenemos a un atleta de élite en observación médica porque la esquina de una mesa de diseño sueco se le cruzó en el camino durante una rabieta.
Y la solución del club es de traca. Florentino Pérez ha instaurado las tutorías de la ESO en Valdebebas. Solo le ha faltado citar a los progenitores a las cinco de la tarde en el despacho de dirección. "Mire, señora Tchouaméni, Aurélien es muy buen chico, progresa adecuadamente en el pivote, pero no quiere darle la mano a Fede cuando suena la campana del recreo".
Les han puesto medio millón de euros de multa, que para esta gente es lo que se gastan en tunear un Lamborghini para ir a comprar el pan, y les han hecho firmar un papelito pidiendo perdón al instructor del expediente. ¿Instructor del expediente? ¿Qué es esto, un ministerio o un equipo de fútbol? Si te peleas en un vestuario, te arreglas y al día siguiente te das un abrazo en el barro, no mandas un comunicado de prensa redactado por tres asesores de imagen desde la sala de espera del hospital.
Hasta el sábado. (El sábado, más de lo mismo.)