El drama de los ofendiditos en Valdebebas
Ayer estaba yo doblando calcetines con Marisa en el salón, viendo las noticias deportivas, y casi me trago la lengua. Resulta que en la ciudad deportiva del Real Madrid hay «tensión». Tensión, dicen los periolistos con cara de circunstancias. Tensión es que te venga el recibo de la luz con recargo y no sepas de dónde rascar, no que Álvaro Arbeloa te mire mal en un rondo a las once de la mañana.
Dicen las crónicas que el «núcleo español» está enfadado. Que si Carvajal, que si Ceballos, que si Asencio. Que el entrenador no les da mimitos en las ruedas de prensa y prefiere elogiar a las estrellas o a los canteranos. Me sale lava por las orejas, os lo juro. Me sale lava hirviendo por dentro. «Es que el míster no valora mi aportación anímica al grupo», me imagino que lloriquea alguno por los pasillos de Valdebebas mientras abraza su neceser de Louis Vuitton.
La gestión empresarial de una rodilla
En la temporada 91-92, Pichi Lucas se pasó tres meses sin que el míster del Negreira le dirigiera la palabra porque le rayó el Opel Kadett aparcando en A Macía. ¿Y qué hacía Pichi? Salir al campo de tierra, meter dos goles de cabeza, escupir barro y volverse a casa en silencio. Ahora no. Ahora Asencio da una «mala contestación» y lo apartan. Ceballos tiene un «encontronazo» y lo mandan a la grada. Esto parece un patio de colegio de pago donde los niños amenazan con llamar a sus padres si no les pasan el balón.
Y luego está lo de Kylian Mbappé. El chaval está gestionando su recuperación muscular como si fuera el CEO de una empresa del Ibex 35. Que si reuniones de crisis con el departamento médico, que si auditorías a su rodilla, que si comunicados internos. ¡Ponle hielo, tómate un ibuprofeno y a correr, carajo!
El pasillo de la vergüenza
Ya sé, ya sé, parezco mi padre quejándose de los melenudos en los años setenta — y mi padre tenía razón. Pero es que están a punto de hacerle el pasillo al Barcelona en el Camp Nou y su mayor preocupación es quién tiene más «relevancia» en el ecosistema del vestuario. Hemos convertido el fútbol de élite en un reality show donde los millonarios lloran porque el profesor les tiene manía y no les pone una estrellita dorada en la frente.
SI NO ESTÁS DISPUESTO A COMER TIERRA POR EL ESCUDO, DEVUELVE LA NÓMINA Y VETE A LLORAR A TIKTOK.
Hasta el sábado. (El sábado, más de lo mismo).