Ayer se lo decía a Marisa mientras me preparaba el café torrefacto en la cocina: el fútbol se ha convertido en un bufete de abogados con césped. Resulta que este sábado tenemos un Villarreal-Levante en La Cerámica. Los locales necesitan un puntito para meterse en Champions y los visitantes ganar para no irse por el sumidero del descenso. Hasta ahí, todo normal. Fútbol de toda la vida. Pero rascas un poco en la previa y te encuentras con la miseria moderna.
Leo en la prensa que si el Levante quiere alinear a un chaval llamado Etta Eyong, tiene que aflojarle 100.000 euros al Villarreal por la dichosa "cláusula del miedo". ¡Cien mil euros por calzarse las botas y salir a sudar la camiseta! Me sale lava por las orejas, os lo juro. Ya sé, ya sé, parezco mi padre quejándose del precio del pan en la plaza del pueblo, pero es que mi padre tenía razón. Hemos plastificado este deporte hasta el punto de que compras a un jugador y luego tienes que pagar un alquiler por usarlo contra el que te lo vendió.
Si en la temporada 91-92 le decimos al presidente del Negreira que hay que pagar un peaje de cien mil pesetas para sacar a un delantero al campo, nos manda a todos a vendimiar a la Ribeira Sacra. Me acuerdo de Pichi Lucas, que jugó media segunda vuelta con un esguince de tobillo del tamaño de una berenjena, infiltrado hasta las cejas, y el único bonus que cobró fue un bocadillo de lomo adobado al terminar el partido. Y daba las gracias, porque el lomo estaba caliente.
Ahora Marcelino dice que igual hace rotaciones porque los chavales están cansados de jugar un partido a la semana y ya tienen la Champions casi atada. Pobrecitos míos. Que les pongan un sofá de masajes en el banquillo y les sirvan un té matcha, no vaya a ser que se les carguen los isquios de tanto mirar la cuenta bancaria. El Levante a dos puntos del abismo y nosotros preocupados por si a los señoritos de amarillo les da un tirón por exceso de minutos.
EL FÚTBOL SE MURIÓ EL DÍA QUE CAMBIAMOS EL OLOR A LINIMENTO EN EL VESTUARIO POR EL OLOR A BUROFAX.
Hasta el sábado. (El sábado, más de lo mismo.)