El drama de los 100 puntos
Marisa me tuvo que desenchufar el router anoche porque me subía la tensión a niveles preocupantes leyendo la crónica del partido en Mendizorroza. Resulta que hoy en la Ciudad Condal hay luto nacional, banderas a media asta y psicólogos de guardia porque el Barcelona no va a llegar a los 100 puntos en Liga tras perder 1-0. Cien puntos. Me sale lava por las muelas solo de pensarlo. ¿Qué se creen que es esto, la cartilla de puntos del hipermercado para que te regalen una batería de sartenes de teflón?
Llegan a Vitoria con el título ya en la vitrina, con la presunta resaca de haber ganado el Clásico, y el entrenador alemán decide que es el momento perfecto para poner a jugar a la guardería. Saca de inicio a chavales que todavía tienen que pedir permiso materno para ir a las concentraciones, hace debutar a un tal Álvaro Cortés en la zaga, mete a Roony y a Bernal en el medio, y hala, a ver si el Alavés se deja ganar por pura cortesía turística. Ya sé que parezco el típico veterano amargado despotricando en la barra del bar, y oye, a lo mejor tienen razón y me estoy haciendo mayor, pero es que me tocan las narices estas tragedias prefabricadas de equipo rico.
En mi etapa en la Tercera del 92, si al míster se le ocurre justificar una derrota diciendo que salimos con 'resaca de celebración' a jugar un derbi, no volvemos a pisar el pueblo. Recuerdo perfectamente cuando Pichi Lucas se pasó la noche anterior al partido contra el Ordes celebrando su cumpleaños a base de chupitos de licor café. Al día siguiente saltó al barro de San Lázaro sudando aguardiente a tres metros a la redonda, pero se partió el tabique nasal en el primer córner defendiendo a nuestro portero. Y estos chavalitos de ahora, con la barriga llena de los canapés del alirón, se asustan porque el rival sale a morderles los tobillos.
Y manda carallo con el Alavés de Quique Sánchez Flores, que salieron al campo vestidos con las réplicas de aquella camiseta de la final de Dortmund de 2001. Ropa ancha, ropa de hombres que iban a la guerra, no esas mallas de ciclista que llevan ahora que les cortan la circulación. En Vitoria sabían que el precio de la permanencia no se abona con pases horizontales estériles. Diabaté cazó un balón en el área antes del descanso y pa' la jaula. A partir de ahí, Antonio Sivera echó el cerrojo y el equipo babazorro se dedicó a defender el resultado con uñas, dientes y hasta con las espinilleras gastadas. Eso es instinto de supervivencia, caray.
Que lloren en Barcelona por no llegar al dichoso récord de los tres dígitos. En Mendizorroza la gente se estaba jugando poder pagar la hipoteca el año que viene compitiendo en la máxima categoría.
EL FÚTBOL NO ES UNA APLICACIÓN DEL TELÉFONO DONDE COLECCIONAS ESTRELLITAS DE ORO; ES SOBREVIVIR CUANDO EL AGUA TE LLEGA AL CUELLO Y NO TIENES SALVAVIDAS.
Hasta el sábado. (El sábado, más de lo mismo.)