La fenomenología del pisotón y el llanto anglosajón

Resulta verdaderamente desolador observar cómo la prensa británica, atrapada en su tradicional y ramplón empirismo (asumo que el lector medio, en su infinita indigencia intelectual, aún confunde el empirismo de Locke con un sistema táctico de la Premier League), se rasga las vestiduras ante lo acontecido en el Estadio Metropolitano. El empate a uno entre el Atlético de Madrid y el Arsenal no fue un mero lance deportivo, sino una catástrofe epistémica de primer orden.

Los rotativos insulares, desde The Times hasta la BBC, claman al cielo denunciando un «robo» por la anulación del penalti de David Hancko sobre Eberechi Eze. «Que el penalti a Eze lo revisen 13 veces es inaceptable a este nivel... es una tortura ontológica que disuelve la realidad misma del contacto», clamó un Mikel Arteta visiblemente desquiciado, incapaz de asimilar la angst heideggeriana que produce enfrentarse al vacío del monitor a pie de campo.

Como diría Baudrillard, el penalti moderno ya no es una infracción punible en el área, sino un simulacro que precede y determina la realidad del contacto. El colegiado Danny Makkelie, operando como un dispositivo disciplinario foucaultiano, señaló tres penas máximas, anulando la última tras someterla a la trituradora hermenéutica del VAR. Piero Hincapié, con la ingenuidad propia de quien aún cree en la verdad objetiva, balbuceó: «Fue un penalti clarísimo. El árbitro se equivocó. Espero que nos puedan respetar». Una falacia argumentativa tan burda que me retrotrae inevitablemente a las actas de mi despido en 2019 (circunstancias, huelga decir, orquestadas por mediocres de mi antiguo departamento que prefiero no recordar).

RMTV y la historiografía del desastre

Pero si la incapacidad del Arsenal para comprender la deconstrucción del reglamento resulta patética, la reacción del entorno mediático madrileño roza el delirio psicótico. Ante la evidencia de que el VAR puede alterar la flecha del tiempo y reescribir la causalidad, Real Madrid TV ha decidido llevar esta lógica a su conclusión natural.

En un monográfico de cuatro horas emitido esta misma madrugada, la cadena ha demostrado, mediante vectores superpuestos y líneas de fuera de juego trazadas sobre mapas del Imperio Romano de Occidente, que el pisotón de Hancko no solo no fue penalti, sino que generó una onda de choque espacio-temporal responsable de la fractura del limes renano en el año 406 d.C. Según los analistas del canal, la caída de Roma a manos de Alarico fue una consecuencia directa de la permisividad arbitral con el Atlético de Madrid.

El relativismo geográfico de la mano

La BBC, en un alarde de cinismo que haría sonrojar a los sofistas, argumenta sobre la mano de Ben White: «En Europa es penalti, en la Premier es dudoso». Semejante relativismo moral y geográfico ante una infracción balompédica es una calamidad perceptiva que no presenciaba desde aquel infausto duelo entre el Inter Moengotapoe y el SV Transvaal en la SVB Eerste Divisie surinamesa de 2004, donde un fuera de juego fue validado basándose en las fases lunares.

El fútbol contemporáneo ha renunciado a la búsqueda de la verdad para abrazar el consenso de la sala VOR, un panóptico donde trece repeticiones no aclaran el hecho, sino que lo destruyen.

Sic transit gloria mundi, et sic transit ratio arbitralis.