Ya sé que me repito más que el ajoarriero del bar de la plaza, y que a veces parezco el típico abuelo cebolleta que le grita a las nubes porque el viento sopla de lado. Lo asumo. Pero es que hay cosas que claman al cielo.
Resulta que ahora meter un gol en el minuto 88 cuando vas perdiendo 0-2 te convierte automáticamente en el Cid Campeador. Hablo de Raúl García de Haro, el chaval de Osasuna. Siete goles lleva. Seis de ellos saliendo desde el banquillo. O sea, que el muchacho calienta banqueta el ochenta por ciento del partido, sale un cuarto de hora cuando los defensas rivales ya están pensando en qué van a cenar, empuja un balón a la red y la grada pide su titularidad. ¡La titularidad! En mis tiempos, si chupabas tanto banquillo, el utillero te daba una brocha para que le dieras una mano de pintura a la grada de Preferente mientras los hombres de verdad se partían la cara en el barro.
Pero lo que de verdad hace que me salga lava por las orejas no es el chaval de Osasuna. Es la reacción del Barcelona. Ganan pidiendo la hora en El Sadar, sudando tinta china ante un equipo que les aprieta con ocho minutos de descuento, ¿y qué hacen? Se ha filtrado esta misma mañana. Desde el vestuario visitante han mandado un tutorial de aplausos lentos al grupo de WhatsApp del Real Madrid.
Como lo oís. Un vídeo de esos en vertical. Con musiquita de fondo de esas que ponen los chavales ahora. Enseñando cómo aplaudir despacito, con cara de superioridad moral, tras sobrevivir a un asedio navarro provocado por un suplente. «Así se sufre en la élite, merengues. Tomad nota de esta épica», ponía el mensajito adjunto. Han ganado por la mínima, pidiendo la hora contra un delantero que juega a ratitos, y lo celebran como si hubieran desembarcado en Normandía con un tirachinas.
Marisa me ha tenido que esconder el router esta mañana porque iba a arrancar el cable de la pared a mordiscos de la pura impotencia que me genera esta generación de cristal. Hemos pasado de ganar partidos con el menisco colgando a dar lecciones de hombría mandando emoticonos de palmas por el teléfono móvil.
EL FÚTBOL SE HA CONVERTIDO EN UN CONCURSO DE MÉRITOS PARA GENTE QUE CELEBRA LOS SUSTOS COMO SI FUERAN TÍTULOS.