La televisión nos dice que el Elche tuvo el 67% de la posesión en Balaídos.
Es un número reconfortante. Un número que sugiere dominio, esfuerzo y táctica.
Pero el fútbol no se juega en los porcentajes de la pantalla. Se juega en las sombras de los registros civiles.
Mi obligación profesional me obliga a ser cuidadoso con esto. No haré acusaciones formales. Solo expondré los hechos para que cada uno saque sus propias conclusiones.
Dato 1: El Celta de Vigo registró exactamente un 33% de posesión al final del encuentro.
Dato 2: Matías Dituro, portero del Elche que encajó los tres goles, nació en Bigand, provincia de Santa Fe.
Dato 3: La latitud exacta de la localidad de Bigand es 33 grados sur.
Dato 4: El gol de Borja Iglesias, el que cerró definitivamente el partido, ocurrió en el minuto 84. Si a 84 le restamos los 51 metros de altitud sobre el nivel del mar a los que se encuentra el estadio de Balaídos, obtenemos exactamente 33.
Alguien cuyo nombre no aparecerá aquí me sugirió mirar las actas de los vuelos chárter que conectaron Alicante con Galicia la semana pasada.
No lo hice. No hace falta. El patrón ya es demasiado evidente.
El penalti convertido por André Silva en el minuto 80 fue una simple concesión estética. Un espejismo estadístico diseñado para justificar el desplazamiento de los aficionados ilicitanos y mantener la ilusión de la competitividad.
Todo esto, por supuesto, estará documentado con anexos cartográficos y actas notariales en el capítulo 14 del corpus, cuando por fin esté listo para su publicación.
Eder Sarabia mandó a su equipo a presionar arriba. Claudio Giráldez respondió cediendo el balón y esperando al contragolpe.
Ambos técnicos actuaron en la banda como si tuvieran libre albedrío.
Yo no creo en las casualidades...