Esta mañana le leía la prensa deportiva a Marisa mientras desayunábamos y os prometo que casi me trago la tostada de aceite entera, sin masticar. Resulta que esta noche, en La Cartuja, tenemos un Betis-Elche a vida o muerte. Los verdiblancos necesitan ganar para asegurar la quinta plaza que da billete a la Champions, espoleados porque el Celta les respira en la nuca. Los ilicitanos, por su parte, con el agua al cuello y 39 puntos que no dan ni para comprar tranquilidad, buscan rascar algo para no irse al pozo del descenso. Un guion precioso, de los que antes olían a reflex y tacos de aluminio. ¿Y de qué narices se habla en la previa? De cartas a la dirección, de rotaciones preventivas y de chivatazos de colegio de curas.

Para empezar, la directiva del vecino, el Sevilla. Al parecer, estaban tan nerviosos pensando que el Betis podía dejarse llevar y no apretar en este tramo final que decidieron mandar una carta oficial a LaLiga. ¡Una carta! Pidiendo que estuvieran "invigilando" a los béticos. El niño repelente de la clase levantando la mano sudada para decirle a la seño que el compañero de atrás está mirando por la ventana. En serio, os juro que me sale lava por las orejas con estas moderneces. Ahora resulta que si sospechas de tu eterno rival le mandas una cartita perfumada al presidente de LaLiga pidiendo que lo vigilen. El deporte rey convertido en un mostrador de atención al cliente. Manda carallo.

Y luego está lo de Manuel Pellegrini. El famoso Ingeniero. El fin de semana pasado, en Anoeta, se dejaron empatar en el descuento por la Real Sociedad con un penalti rarísimo que pitó Alejandro Muñiz Ruiz. Pero lo imperdonable no es el árbitro, lo imperdonable es que el Betis dejó en el banquillo a Amrabat, a Natan y a Lo Celso porque... ¡tenían cuatro amarillas y querían reservarlos para hoy! Han sentado a tíos en la grada por tener cuatro tarjetitas amarillas, no vaya a ser que jueguen al fútbol en un partido de fútbol. Proteger los puntos de mañana regalando los puntos de hoy. Una táctica brillante si lo que diriges es una hoja de cálculo en una correduría de seguros, pero en un vestuario esto no hay por dónde cogerlo.

Por el otro lado aparece el Elche, que llega siendo el peor visitante de toda la Primera División. Su entrenador Eder Sarabia, que debió heredar de Quique Setién la obsesión por que el césped esté cortado al milímetro, sale a rueda de prensa diciendo que va a meter "frescura física" en el once. Lo de buscar 'frescura física' cuando te juegas el pan de tus hijos suena a anuncio de chicles de menta. Tienes a Rafa Mir con las dichosas "molestias" y a medio equipo asomado al abismo de Segunda; no necesitas frescura, necesitas once tíos dispuestos a morder los tobillos ajenos hasta que sepan a hierro.

Sé que parezco el típico abuelo cebolleta gruñendo desde el sofá con la manta de cuadros, pero es que me lo ponen en bandeja de plata todas las santas semanas.

HEMOS CAMBIADO EL SUDOR Y LA SANGRE POR BUROFAXES Y ROTACIONES DE EXCEL, Y ASÍ NOS VA.