El Candidato Cuantum: Cómo Enrique Riquelme Ha Resuelto, De Una Vez Por Todas, La Contradicción Entre Victoria y Derrota
Análisis electoral-ontológico por el Prof. Aurelio Vallés
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Existe, en el léxico de la epistemología política contemporánea (que el lector medio confunde sistemáticamente con el comentario deportivo, error que yo ya no me tomo la molestia de corregir), un concepto que los anglosajones denominan spin y que yo prefiero denominar, con mayor precisión técnica, la transubstanciación voluntarista de los hechos empíricos. El resultado de las elecciones a la presidencia del Real Madrid celebradas el pasado 8 de junio de 2026 nos ha regalado un specimen de laboratorio tan puro, tan cristalino en su estructura, que me veo en la obligación —académica, casi médica— de diseccionarlo ante ustedes.
Enrique Riquelme ha obtenido 11.814 votos.
Florentino Pérez ha obtenido 21.741 votos.
Riquelme ha ganado.
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I. El Método
Permítanme reconstruir la lógica argumental del candidato —a quien Florentino Pérez denominó, en aquella rueda de prensa del 12 de mayo que puso todo esto en marcha, "el niño con acento mexicano", calificativo que el interpelado ha absorbido con una dignidad que merece, cuando menos, una nota al pie— para que el lector comprenda la arquitectura del razonamiento.
Primera premisa: el Real Madrid llevaba veinte años sin elecciones.
Segunda premisa: ahora ha habido elecciones.
Conclusión: "Hemos parado la venta del club."
He releído la inferencia varias veces. La conexión lógica entre la segunda premisa y la conclusión permanece invisible para mí, y eso que yo he dedicado dieciséis años a la lógica modal aplicada. (Hay quienes dirían que eso me incapacita para entender la lógica electoral. Puede que tengan razón. Puede que no la tengan. Pero al menos yo no prometo fichar a Haaland y a Rodri simultáneamente como condición de campaña.)
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II. El Problema del Referéndum Que Dice Lo Contrario De Lo Que Se Dice Que Dice
Riquelme había declarado, antes del escrutinio, que estas no eran "unas elecciones normales", sino "probablemente el referéndum" sobre la venta del club. La premisa es, en sí misma, razonable. Un referéndum es, por definición, un mecanismo de consulta en el que una opción vence a la otra.
El referéndum, aplicado el criterio convencional, otorgó al candidato que no consideraba la venta del club una derrota del 65% al 35%.
Riquelme concluyó que el referéndum le había dado la razón.
Esta es la descripción más precisa del estado de la democracia en el fútbol moderno que ningún sociólogo de las instituciones ha logrado producir en los últimos treinta años, y lo digo sin ironía (aunque con ironía).
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III. El Autocine Como Espacio Filosófico, Y Su Clausura
Los hechos, en su dimensión casi teatral, merecen ser referidos con precisión. La candidatura había instalado su sede de seguimiento electoral en un Autocine de Madrid Norte, espacio que combina la nostalgia analógica con la modernidad de un campo de fútbol 3x3 y mesas de Tekball (deporte, ignoro si el lector lo conoce, que consiste en golpear una pelota sobre una mesa curva, y que representa, con una exactitud que me resulta perturbadora, la metáfora perfecta de estas elecciones: mucho golpeo, mucha curvatura, y la pelota acaba siempre donde empezó).
La demora en el recuento obligó al cierre del Autocine. La candidatura tuvo que trasladarse, a medianoche, a su sede frente al Bernabéu. Hay algo en esta peregrinación involuntaria —del espacio festivo y provisional al edificio permanente e institucional que simboliza exactamente aquello contra lo que se campaña— que me parece una figura retórica involuntaria de extraordinaria densidad semántica.
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IV. El Equipo Directivo De La Fantasía
Debo referirme, porque la crónica lo exige, al staff técnico que Riquelme había prometido para su eventual gobierno. El candidato había sumado a su proyecto a Raúl González como director deportivo, Fernando Hierro como director de cantera, Iker Casillas con "un papel de primer nivel en la estructura corporativa" (formulación que, en su vacuidad programática, compite con los mejores comunicados de los fondos de inversión especializados en activos deportivos), y Vicente del Bosque como asesor del presidente.
El lector perspicaz habrá advertido que se trata de una selección de hombres ilustres en el retiro, ensamblados con la lógica narrativa de un cuadro de honor más que con la lógica operativa de una institución deportiva de primer nivel. Es lo que los anglosajones llaman un dream team y lo que yo llamo, con mayor precisión, un acto de nostalgia proyectiva revestido de programa de gobierno.
A ello añadía los fichajes prometidos de Rodri y Erling Haaland, la recuperación de Nico Paz, y el inicio de negociaciones con Jürgen Klopp para la dirección técnica del primer equipo. Que el candidato hubiera prometido todo esto sin ostentar cargo alguno, y que la candidatura hubiera encontrado en estas promesas un vehículo de credibilidad en lugar de incredulidad generalizada, dice más sobre la epistemología del madridismo que cualquier análisis que yo pudiera ofrecer.
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V. La Participación Histórica Como Victoria Retroactiva
"Hoy el Real Madrid ha ganado", declaró Riquelme tras conocer los resultados. No Florentino. No él. El Real Madrid. Categoría abstracta que, convocada en el momento adecuado, absorbe todas las derrotas individuales en una victoria colectiva difusa.
Debo reconocer que la maniobra tiene cierta elegancia lógica. Si el sujeto de la victoria es suficientemente amplio, ningún resultado concreto puede negarlo.
La participación había sido, efectivamente, elevada: 33.555 votos, aproximadamente el 48% del censo. La candidatura Riquelme atribuía esto, antes del escrutinio, a un dato que les favorecía. Después del escrutinio, lo atribuían a lo mismo: un dato que les favorecía. La participación, en esta hermenéutica electoral, es invariablemente una noticia buena para quien la invoca, independientemente de lo que los números digan a continuación.
Se da la circunstancia de que las encuestas internas de la candidatura les daban "por encima del 45%" hasta las 17 horas. Obtuvieron el 35%. Esta discrepancia de diez puntos porcentuales entre la percepción interna y la realidad externa constituye lo que los epistemólogos de la cognición llaman wishful thinking y lo que yo llamo, con más crudeza, una metodología encuestadora que habría reprobado en mi segundo año de Lógica.
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VI. El Voto Por Correo, O La Derrota Anticipada Que Se Convirtió En Excusa Prospectiva
Hay un detalle en esta historia que merece atención específica: el requisito notarial para el voto por correo había «espantado» a muchos socios, y apenas 3.200 se atrevieron a ejercerlo. La candidatura Riquelme consideraba que este voto sería mayoritariamente para Florentino.
Me resulta notable que una candidatura que se presentaba como la voz de los socios silenciados por veinte años de autocracia institucional no hubiera previsto, en su planificación estratégica, que la exigencia de una firma notarial para votar por correo opera como un filtro sociodemográfico no exactamente aleatorio.
La necesidad de un notario para ejercer el sufragio es, en sí misma, una declaración filosófica sobre quién es el sujeto político del madridismo. Pero esta reflexión me llevaría a un seminario de cuatro sesiones, y la redacción me ha asignado un límite de palabras que considero, en mi fuero interno, una afrenta al pensamiento.
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VII. "Esto No Es El Final, Es El Principio"
"Esto no es el final, es el principio. El Madrid no volverá a estar 20 años sin elecciones", anunció Riquelme desde la puerta de su sede, con lo que yo denominaría una media sonrisa teleológica: la expresión de quien ha redefinido el horizonte de expectativas en el transcurso del mismo discurso en que asimila la derrota.
La promesa de que habrá elecciones en cuatro años es, en efecto, una consecuencia institucional plausible. Que Riquelme la presente como un logro de su candidatura —cuando las elecciones de esta semana las ha convocado Florentino, y cuando los estatutos del club ya contemplaban su celebración— constituye una apropiación causal que, de haberse presentado en un trabajo universitario, habría merecido un suspenso por confusión entre correlación y causalidad.
Pero el fútbol moderno no es un trabajo universitario. Es, más bien, su antítesis.
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Epilogus
Enrique Riquelme ha obtenido 11.814 votos, el 35% del censo electoral. Ha prometido seguir. Ha dicho que el Real Madrid no se vende, como si hubiera impedido algo que no estaba, al menos documentalmente, en el orden del día. Ha tendido la mano a Florentino. Ha invocado a Del Bosque, a Raúl, a Casillas y a Hierro como talismanes de un gobierno que no será.
Ha declarado, con convicción aparentemente genuina, que es "una gran victoria también para esta candidatura".
Uno no puede, ante este espectáculo, sino inclinarse levemente. No de respeto. De algo más complejo: el reconocimiento de que la voluntad de significar, incluso frente a la aritmética, es quizá la única forma de dignidad que le queda al candidato derrotado en la modernidad tardía.
O quizá es simplemente que nunca ha entendido las fracciones.
Ita res est.