FLORENTINO Y RIQUELME SE GASTAN EL DINERO DEL VECINO EN TELEVISIÓN MIENTRAS YO SIGO ESPERANDO QUE ME ARREGLEN EL PORTERO DEL GARAJE

Estaba ayer noche con Marisa viendo si encontrábamos algo decente en la televisión, que ya sé que es misión imposible desde que cerraron la segunda cadena con programación normal, y lo que nos encontramos fue esto: dos candidatos a presidente del club más laureado de la historia del fútbol europeo repartiéndose las cadenas de televisión como si fueran parcelas en una urbanización, cada uno en su platillo, cada uno con su sobre de sorpresas.

Florentino en Mediaset, con Iker Jiménez de maestro de ceremonias. Riquelme en Atresmedia, con todo el aparato de El Hormiguero.

Necesito que alguien me explique en qué momento las elecciones al Real Madrid se convirtieron en La Voz pero para millonarios.

El hombre del sobre y el hombre del farol

Riquelme anuncia a Haaland. Con compromiso notarial, dice. Firmado, sellado, entregado.

Florentino aparece hora y media más tarde, después de la tertulia política de Horizonte —que ya me dirás tú qué necesidad hay de esperar a la tertulia política para hablar de fútbol, pero en fin—, y dice que lo de Haaland es un farol. Que lo ha desmentido el padre, la agente y el club. Luego saca a Dumfries. Y luego, como aperitivo final para los que aún estábamos despiertos, anuncia que va a hacer una oferta de más de ciento cincuenta millones de euros por un jugador que no es de la Premier y que será, según él, la más grande de la historia del Madrid.

Ciento cincuenta millones de euros.

Marisa levantó la vista del libro y me dijo, con esa cara que pone cuando ya ha oído suficiente: "¿Y de dónde sacan eso?"

Y yo no supe qué contestarle, porque Marisa lleva razón en casi todo, especialmente cuando pregunta cosas para las que no hay respuesta.

La campaña electoral como programa de entretenimiento nocturno

Me parece bien que los presidentes de los clubes grandes salgan a los medios. Me parece bien que expliquen sus proyectos. Pero lo de ayer noche no era un programa electoral. Era una carrera de repostería a ver quién saca el pastel más grande antes de que el otro levante la tapa del suyo.

Riquelme el miércoles, Florentino el jueves. Riquelme en Atresmedia, Florentino en Mediaset. Riquelme con Haaland, Florentino con Dumfries y misterio. Como si los socios del Real Madrid fueran niños el día de Reyes y los candidatos estuvieran compitiendo por quién mete más juguetes en el sobre.

Y encima Riquelme cierra el tridente de leyendas con Iker Casillas, que se suma a Raúl en la dirección deportiva y Fernando Hierro en el fútbol base. Diez Champions entre los tres, dieciséis Ligas. Todo muy bonito sobre el papel. Todo muy emocionante para quien lleva el escudo tatuado en el pecho.

Pero yo he visto muchas veces en el fútbol cómo los nombres grandes en el organigrama no garantizan absolutamente nada si las tuberías del edificio están mal puestas. Y yo de tuberías mal puestas sé bastante, que llevo cuatro meses esperando al fontanero.

Mourinho en el banquillo, por si no había suficiente con todo lo demás

Ah, y Mourinho. Florentino lanzó a Mourinho en redes sociales justo en el momento del programa de Riquelme, para contraprogramar. Mourinho de entrenador del Real Madrid en 2026, por si el fútbol moderno no tuviera ya suficiente contenido para los podcasts.

Pichi Lucas, que no era un hombre dado a las grandes opiniones filosóficas pero que tenía una lucidez para el fútbol que a mí todavía me asombra, me diría que esto huele a vestuario que ya no controla el balón y necesita el nombre grande para que la afición no empiece a mirar el marcador.

Y puede que tuviera razón.

Lo que me preocupa de verdad

Escucha. Entiendo la lógica. Los socios votan el domingo. Hay que llegar al último día con el nombre más gordo, con la promesa más espectacular, con la cifra más alta. Es política, aunque sea política de fútbol.

Lo que me preocupa es que hemos normalizado que una campaña electoral a la presidencia de un club de fútbol funcione exactamente igual que una guerra de audiencias entre Telecinco y Antena 3. Que el éxito de un candidato se mida por el impacto de sus anuncios en las cadenas nocturnas y no por si sus números cuadran o sus propuestas tienen algún tipo de sustento real.

Lo de reducir la cuota de socio un cincuenta por ciento suena muy bien dicho en una carta. La Ciudad del Socio suena muy bien en un folleto. Ciento cincuenta millones de euros por un jugador que nadie sabe quién es suena muy bien en la tertulia de las once de la noche.

Pero el domingo por la mañana, cuando el socio entre en la cabina, va a tener que elegir entre una propuesta que no termina de concretar quién va a pagar lo que promete y otra propuesta que lleva décadas gobernando el club más rico del mundo y que ha decidido que la mejor forma de defenderlo es anunciando fichajes en el programa del hombre de las conspiraciones.

LO QUE NO SE PUEDE COMPRAR EN NINGUNA CADENA DE TELEVISIÓN ES EL CRITERIO. ESE, DE MOMENTO, LO PONE CADA SOCIO A PRECIO DE COSTE.

Hasta el sábado. (El sábado, más de lo mismo.)