El búnker de los lamentos millonarios
Me estaba apretando los cordones de los zapatos en el pasillo, listo para bajar a por el pan, cuando la radio del salón ha empezado a escupir la última chaladura que llega desde Valdebebas. Sé que a veces parezco el típico viejo de boina y garrote que se pasa la mañana maldiciendo a las nubes, y Marisa me advierte casi a diario de que cualquier día me va a dar un parraque con la tensión por tomarme el fútbol tan a pecho, pero es que escucho estas cosas y literalmente me sale lava por las orejas.
Resulta que el Real Madrid lleva un par de años arrastrándose por los campos sin rascar chapa. El equipo no funciona. ¿Qué hace un presidente normal y corriente cuando la pelota no entra? Bajar al vestuario, dar cuatro gritos bien dados y exigir un mínimo de vergüenza torera a los señoritos. ¿Pero qué hace el dirigente del fútbol moderno plastificado? Florentino Pérez convoca una rueda de prensa de más de una hora para decir que no tiene cáncer terminal, que los periodistas le tienen manía, y que "lo van a tener que sacar a tiros". Para tapar que el equipo no le mete un gol al arcoíris, te monta un monólogo digno de un thriller trasnochado sobre clínicas oncológicas en China y conjuras judeomasónicas de la prensa escrita.
Avales, mortadela y el victimismo moderno
Dice el hombre, con el gesto torcido y cara de pocos amigos, que le quieren robar el club los plumillas del periódico ABC. ¡A un señor con casi ochenta años y el bolsillo más hondo que la fosa de las Marianas! En la temporada 91-92, cuando hilamos cinco derrotas seguidas con el CD Lestedo do Sar y la afición amenazaba seriamente con desoldar las porterías, el presidente bajó al vestuario de cemento desnudo y amenazó con quitarnos la dieta de los bocadillos de mortadela si no ganábamos el domingo. Eso era presión institucional y miedo escénico, no quejarse de las rotativas.
Si Pichi Lucas se hubiera atrevido a justificar un bajón de rendimiento en la segunda vuelta diciendo que un cronista local conspiraba en las sombras de la comarca para robarle la plaza en el once, el utillero le habría metido la cabeza en la pila de los hielos hasta que se le pasase la tontería. Pero ahora el victimismo de los multimillonarios es el deporte de exhibición de este siglo. Lloran porque en los periódicos publican que tienen cara de cansados. Cansado está el fontanero a las ocho de la tarde después de cambiar tramos de tubería, hombre de Dios.
Florentino ha convertido un fracaso deportivo mayúsculo en un secuestro mediático a gran escala. Avisa a los navegantes de que "el que se quiera presentar, que se presente", pero con la calderilla de los ciento setenta millones de euros del aval por delante, claro está. Faltaría más. Voy a romper ahora mismo la hucha de cerdito de mi nieto a ver si entre lo del cumpleaños y la paga del domingo me da para presentar la candidatura. Hemos llegado a un punto absurdo donde los que mandan no asumen un solo error, sino que buscan francotiradores imaginarios en las gradas de la prensa para no tener que hablar de por qué la dichosa pelota no entra en la red.
Y ENCIMA TIENEN EL CUAJO DE EXIGIR QUE LES APLAUDAMOS EL ESPECTÁCULO MIENTRAS ESCONDEN LA MISERIA DEPORTIVA DEBAJO DE LA ALFOMBRA DE LOS PALCOS VIP.
Hasta el sábado. (El sábado, más de lo mismo.)