La imagen como acto político, o: cómo el montaje fotográfico sustituyó al pensamiento

Permítame el lector —si es que el lector ha desarrollado la capacidad de permitir algo a estas alturas de su existencia como consumidor de contenido deportivo— que aborde la reciente intervención de Carlo Ancelotti en la campaña presidencial del Real Madrid desde una perspectiva que los tertulianos habituales de la televisión deportiva son, por constitución, incapaces de adoptar.

El miércoles, a las 23:25 horas de la franja horaria centroeuropea, Ancelotti publicó en su cuenta de Instagram una fotografía junto a Florentino Pérez, ante los trofeos conquistados en el Santiago Bernabéu, acompañada del mensaje: "Mucha historia por hacer. #Hala Madrid".

He releído la frase cuatro veces. Sigo sin encontrar el sujeto gramatical ni el sujeto filosófico.

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La fotografía como simulacro, o: la imagen que precede a la realidad que ya no existe

Jean-Paul Sartre —(o era Bourdieu, la diferencia es mínima en este contexto)— sostenía que el ser-en-el-mundo se manifiesta siempre a través de la acción situada, del engagement concreto. Lo que Ancelotti ha realizado no es un engagement: es su antítesis perfecta. Es el gesto vaciado de compromiso real, la declaración sin riesgo, el apoyo de un hombre que, recordemos, en este preciso momento histórico se encuentra en Brasilia preparando la participación de Brasil en el Mundial, no en los pasillos de la Ciudad Real Madrid litigando contra el tiempo y la facción disidente de Enrique Riquelme.

Ha mandado una fotografía. Con un hashtag.

Existe en la fenomenología de la imagen —(asumo que el lector recordará al menos vagamente a Sartre, aunque me temo que no)— una distinción fundamental entre la imagen que interpela y la imagen que decora. La fotografía de Ancelotti pertenece inequívocamente a la segunda categoría. No interpela. Adorna. Es el equivalente comunicativo de una corona de flores en un velatorio: nadie sabe bien quién la envió, pero se asume que las intenciones eran buenas.

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La corte de los milagros: inventario de los avalistas

Para quienes no hayan seguido el fenómeno con la atención que merece —(es decir, prácticamente todo el mundo)—, conviene señalar que Ancelotti no es el primer ilustre en prestar su rostro a la causa florentinista. Antes lo hicieron Benzema, Modric, Lucas Vázquez, Casemiro, Pepe, Ronaldo Nazário, Roberto Carlos y, con una presencia que me resulta filosóficamente más difícil de categorizar, Luka Doncic, cuya relación con el balompié es, en el mejor de los casos, indirecta.

Este desfile de figuras constituye lo que los politólogos denominarían un aparato simbólico de legitimación, y lo que yo denominaría, con menos eufemismos, la instrumentalización sistemática de la nostalgia como sustituto del argumento. No se presenta un programa. Se presenta una galería de retratos. El votante no delibera: contempla y se emociona, que es precisamente la operación contraria a la deliberación.

Recuerdo haber observado una dinámica comparable —aunque infinitamente más digna— en la junta directiva del Kiyovu Sport de Ruanda durante el ciclo electoral de 2015, donde el candidato presentó como aval a tres exjugadores que llevaban retirados desde la guerra. Al menos aquellos señores tenían la decencia de estar presentes en persona.

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Florentino entre peñas: la fenomenología del acto multitudinario en Castilla-La Mancha

Paralelamente, y según nos informa la agencia, Florentino Pérez presidió un acto multitudinario con las peñas madridistas de Castilla-La Mancha, celebrado "a las afueras de Toledo".

La precisión geográfica —a las afueras de Toledo— me produce una melancolía que no sabría ubicar con exactitud en el mapa de las afecciones filosóficas. Toledo fue sede de las grandes escuelas de traducción medievales. Allí se vertieron al latín los textos de Averroes y Avicena. Allí el pensamiento islámico, cristiano y hebraico encontraron, brevemente y con muchas reservas, un espacio de coexistencia intelectual.

Ahora, en sus afueras, un señor de setenta y ocho años recibe el calor de las peñas manchegas mientras su rival lanza comunicados que, en comparación, poseen la profundidad hermenéutica de un comunicado de Hacienda.

El voto se ejerce el domingo 7 de junio. Hasta entonces, nos dice la crónica, los dos candidatos intentarán captar adeptos con sus promesas electorales. La frase, en su desnuda literalidad, me parece la descripción más precisa de la condición democrática del fútbol moderno que ningún politólogo ha logrado producir en los últimos veinte años.

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Coda: el problema de la historia por hacer

Regreso, para cerrar, al mensaje de Ancelotti: "Mucha historia por hacer".

Existe en la filosofía de la historia —Hegel, fundamentalmente, aunque con aportaciones que en otro momento atribuiría con mayor precisión a Dilthey, hoy me da pereza— una distinción entre la historia como geschehen (lo que acontece) y la historia como Geschichte (el relato que construimos sobre lo acontecido). Ancelotti, en su Instagram, no habla de ninguna de las dos. Habla de una tercera categoría que no tiene nombre en alemán porque nadie consideró necesario nombrarla:

La historia que se anuncia en las redes sociales antes de haber ocurrido, para ser utilizada como coartada de una decisión que ya estaba tomada.

Esto no es historia. Es anticipatory content. Y el hecho de que nadie en ningún medio deportivo haya señalado la diferencia constituye, in nuce, la catástrofe epistémica de la que vengo advirtiendo desde que nadie me escucha.

Sic transit gloria mundi, y también la del Santiago Bernabéu cuando le meten a colgar fotos de Instagram.