El hundimiento del Barça y la frase que llevaba yo treinta años esperando escucharle a alguien
Lo del domingo en el Palau Blaugrana fue de las pocas cosas que uno ve en el deporte moderno y que le reconcilian, aunque sea un momento, con la idea de que todavía existe algo parecido a la honestidad. No porque el partido fuera bonito —no lo fue, fue una paliza de las que duelen en los riñones ajenos—. Sino porque Xavi Pascual se plantó delante de los micrófonos y dijo lo que nadie dice ya en este oficio plastificado.
"Hemos hecho el ridículo o incluso más que el ridículo."
Párense un momento con eso. Incluso más que el ridículo. Un hombre explorando los límites conceptuales de la vergüenza ajena con la frescura de quien acaba de descubrir un nuevo continente. Si hubiera un doctorado en sinceridad deportiva, Pascual lo había ganado a esa hora de la noche.
El Valencia Basket entró en el Palau y se fue por 77-102. La mayor victoria de su historia en esa cancha. Lo que equivale a presentarte en casa del vecino, comerte su cena, ver su televisión, y marcharte con el paraguas de la entrada y las macetas del balcón.
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Lo que significa esto para el Barça, y lo que no están diciendo
Ahora bien. Seamos serios un momento porque creo que se está pasando por alto lo más gordo de todo esto.
El Barça ha terminado quinto. Sin factor cancha en los playoffs. Enfrentándose al UCAM Murcia de Sito Alonso, contra el que han perdido los dos partidos de liga. Los dos. No uno porque había lesionados o porque el árbitro era de Murcia y le caía mal el pan amb tomàquet. Los dos, sin excusas, con toda la plantilla disponible.
Y encima, si remontan ese escollo —que ya tiene miga—, pueden cruzarse con el Real Madrid en semifinales.
Esto no es un camino de playoffs. Esto es una peregrinación de rodillas por el asfalto en agosto.
Yo le intentaba explicar este cuadro a mi cuñado el lunes por teléfono y tuvo que cortarme porque se mareaba. Y tiene razón de marearse.
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Pascual y la puerta que ya tenía abierta
El detalle que nadie menciona suficiente es que Pascual ya había anunciado su marcha esta misma semana. Se va. Llegó a mitad de temporada a tapar el agujero que dejó Joan Peñarroya, y se va después de los playoffs habiendo dicho en voz alta que su equipo jugó el peor partido de la temporada en el momento más importante.
Hay algo de liberación en eso, me parece a mí. El hombre no tiene ya nada que perder y se permite el lujo de ser honesto. Veintinueve técnicos de veintinueve, en su lugar, habrían salido a hablar de "contexto", de "propuesta de juego", de "proceso". Pascual salió a decir que hicieron el ridículo.
Incluso más que el ridículo.
Eso hay que recordarlo. Guardar esa cita en el cajón bueno.
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El Valencia, tranquilo; el Real Madrid, con otro pívot
Mientras el Barça digería la catástrofe, el Valencia Basket terminó segundo en la clasificación general. Solo por detrás del Real Madrid. Se enfrentará al Surne Bilbao, que se metió entre los ocho el viernes gracias a un triple en el último segundo de Spissu después de que Bell-Haynes tirara a fallar un libre a propósito. Que el viernes en la ACB fue de esos días que le reconcilian a uno con el deporte, sí. Pero esa es otra columna.
El Real Madrid, por su parte, ha fichado otro pívot. Se llama Sissoko. Van a tener tantos pívots que igual tienen que empezar a alinear a dos al mismo tiempo en una especie de sistema que nadie ha inventado todavía. Florentino tendrá un criterio, imagino. Siempre lo tiene.
Y en el otro lado del cuadro, el Baskonia campeón de Copa contra el Joventut de Ricky Rubio. El hombre que resucitó y volvió a jugar al baloncesto cuando nadie lo esperaba. Eso sí que es una historia. Eso sí que da para sentarse a verlo con una taza de café en la mano sin que te suba la tensión.
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Lo de Pascual va a quedar en el archivo
Mire, yo llevo años escuchando entrenadores salir por los micrófonos después de perder partidos importantes a decirme que "el equipo ha competido", que "hay cosas positivas", que "el proceso es largo". Y me sale algo por dentro que no sé muy bien cómo describir sin usar palabras que Marisa me tiene prohibidas en casa desde lo del Villarreal de hace tres años.
Pero el domingo Xavi Pascual salió y le puso nombre a lo que había pasado. Con la precisión quirúrgica de alguien que ya no tiene que cuidar nada. "Hemos hecho el ridículo." Punto. Sin subordinadas. Sin matices.
Pichi Lucas hubiera abrazado a ese hombre. En el Lestedo del 92, cuando perdías así, te miraban a los ojos y te decían exactamente lo que eras. No había zona mixta, no había periodista con grabadora —había el vestuario de cemento y la verdad desnuda. Eso formaba a los hombres. Eso es lo que ha desaparecido.
Y cuando aparece, aunque sea en un pabellón de baloncesto un domingo de mayo, merece que alguien lo anote.
EL FÚTBOL —Y EL BALONCESTO, Y TODO LO DEMÁS— NECESITA MÁS PASCUALES Y MENOS PORTAVOCES.
Hasta el sábado. (El sábado, más de lo mismo.)